Partir de una potencia formal para palpitar como cuerpo

Partir de una potencia formal para palpitar como cuerpo

Antonio Fernández Alvira

06 / 05 / 22  -  24 / 06 / 22 // BCN
Partir de una potencia formal para palpitar como cuerpo
Partir de una potencia formal para palpitar como cuerpo
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Partir de una potencia formal para palpitar como cuerpo
Partir de una potencia formal para palpitar como cuerpo
institución, museo, canon

Antonio Fernández Alvira nos enfrenta al proceso de regularización y estandarización al cual nuestra mirada -y como consecuencia, la comprensión de nuestro entorno- se ha visto constantemente sometida. Interroga este proceso de estandarización que también actúa sobre nuestros modos de hacer, en los cuales resuenan fuertemente todas aquellas referencias culturales construidas y fijadas por las instituciones modernas, como pueden ser el museo o la academia.

El museo, ese espacio donde exponer conjuntos de objetos e información que reflejan algún aspecto de la existencia humana ha existido en Occidente desde la Antigüedad. En los templos griegos se guardaban objetos de culto u ofrendas que de vez en cuando se exhibían al público para que este pudiese contemplarlos y admirarlos. De aquí que podamos entender que el museo, históricamente, ha pretendido hacer accesible el patrimonio colectivo y el conocimiento de la Nación -si nos situamos desde nuestra modernidad-, así como consolidar el ideal de belleza a través de una selección de objetos e ideas.

Por obvio que nos resulte, todo esto no deja de ser problemático. Es importante entender y visibilizar que este “hacer accesible” no es neutral. El museo genera narrativas y visualidades nacionales y culturales, refuerza un canon -aquello fijado por una serie de normas-, una historia que asume su papel de referencia cultural posterior de manera casi ineludible. El historiador del arte alemán Aby Warburg ya se encargó de analizar el peso de este marco de referencia visual y formal que configura nuestra relación con el mundo sensible, con la historia, y con las imágenes. Abriendo la muestra con una versión reducida del proyecto Elementos para un discurso (2018), Antonio Fernández Alvira nos obliga a traspasarlo.

Se percibe en este ejercicio una voluntad por desposeerse de este legado, interesándose cada vez más por los componentes formales de su propuesta escultórica desde una aproximación que tiende a lo corpóreo, de un modo más procesual y situado.

cuerpo, forma, proceso

Este nuevo proyecto, El fluir en lo fijado (2021), busca diluir el canon en una experiencia corporal concreta. Parte de la recopilación y acumulación de elementos ornamentales arquitectónicos encontrados en la calle y que ya no cumplen su función original -elementos que han devenido deshecho o ruina- para después recomponerlos. Estos fragmentos, en su antigua disposición, configuraban la piel de la arquitectura a partir de la cual leemos los espacios. Mediante un gesto de desplazamiento espacial y funcional están a la espera de ser resignificados.

Una vez recopilados y recompuestos siguiendo una lógica visceral, intuitiva, Antonio Fernández Alvira realiza un registro de barro de estos elementos. A continuación, este registro es arrancado y llevado al cuerpo -a su cuerpo-. En este arrancar reverbera la técnica del strappo, técnica que consiste en separar de un muro decorado la superficie pictórica para asentarla sobre un nuevo soporte, haciendo que esta pueda perder su aspecto original en lo relativo al color, pero también en textura y forma. El registro de barro es modelado, manejado con su peso y su movimiento hasta resultar una pieza de una mayor organicidad, generando nuevos huecos y recovecos que conectan lo corporal con lo arquitectónico, poniendo estas dos distintas escalas en relación.

Mediante la realización de un molde, se obtienen una serie de piezas de escayola pigmentada, material humilde al que mediante un proceso de lijado le da una terminación pétrea, marmórea, parecida a la del estuco.  Las piezas obtenidas después de este proceso están fijadas y dispuestas de una manera más orgánica a todo lo que había presentado el artista hasta la fecha. Me permito esta descripción tan detallada del proceso sin miedo a desvelar el posible engaño visual que reside en esta propuesta, ya que, en mi opinión, esta vez el juego de Antonio no va en esa dirección.

arquitectura, espacio, percepción

Tras perder su forma, estos fragmentos nos confrontan a una nueva lectura espacial en la que el cuerpo y su desplazamiento son la base de nuestra relación con la arquitectura. El cuerpo actúa como elemento de conexión con el espacio, que se desvela como principal preocupación del artista.

El color actúa como elemento indispensable a la hora de contextualizar la propuesta, donde el espacio de la galería pasa a ser parte de la pieza: es el marco de referencia en el que sucede el diálogo que se establece entre los distintos elementos que configuran la muestra, el espacio de la galería y el cuerpo de les visitantes. No hablo de escenografía, hablo de algo más delicado, de aquello que determina y condiciona una situación de interrelación.

Observamos como algunas piezas están dispuestas por pares, en diálogo, evidenciando el espacio que se genera entre dos cuerpos y actuando como límite. La atención se desplaza aquí del objecto a las grietas o fisuras que el artista ha ido dibujando mediante la disposición de sus piezas, a modo de punteo.

Para esta exposición, Antonio Fernández Alvira nos plantea una entrada desde donde superar lo académico y lo histórico para después llevarnos, de manera muy sutil, a un acercamiento más personal, donde lo formal y lo matérico toman importancia. Nos propone un diálogo corporal con su propuesta en la que no está de más perder unos instantes en observar la coreografía generada por los cuerpos que se acercan a la galería.

Elena Blesa, Comisaria y Educadora

#PARTIRDEUNAPOTENCIAFORMALBASEMENT