2022

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Christto & Andrew

10 / 06 / 22  -  29 / 07 / 22 // VLC
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AFTER FUTUROLOGY

“Más de uno espera algo todavía  del futuro”
Ossip. K FLECHTHEIM, Ist die Zukunft noch zu retten?, 1987 

“Was it the dear old future
that created the problems we face?”
Neil TENNANT, This used to be the Future, 2008

2022 es el nombre del proyecto que Christto & Andrew (Christto Sanz, San Juan, Puerto Rico, 1985 y Andrew Weir, Johannesburg, South Africa, 1987) presentarán el 10 de junio de 2022 en House of Chappaz. Probablemente cuando leas esto este futuro será también pasado. 

Habitar la brecha entre el pasado y el futuro implica construir nuestra existencia en un presente histórico proyectado a partir de eventos ocurridos. Este discurrir configura también aparatos estéticos e imaginarios que no dejan de ser reflejos del momento en que fueron concebidos. 

A partir de estos, la pareja de artistas reinterpreta estos imaginarios en nuevas imágenes, una aproximación nostálgica a otros futuros centrada en las décadas de los sesenta y ochenta del pasado siglo. 

Flechtheim, que había acuñado el término futurología en dos años antes, publica en 1945 Teaching the Future, al revisar su propio trabajo dos décadas después ya señala que los avances técnicos permiten establecer un alto “grado de credibilidad y probabilidad de los pronósticos”. En 1960 el futuro deja de ser algo hipotético para afianzarse como periodo histórico computable, aunque la mirada anticipadora, que anteriormente se había dirigido siglos y milenios, se acorta para concentrarse en los decenios próximos.

Los sesenta marcan así una transformación en la visión del futuro, acortando su durabilidad al tiempo que configurando su verosimilitud. Los ochenta plantean un nuevo cambio, la crisis de los euromisiles uniformizan un futuro apocalíptico basado en la autoexterminación.

 Así que no es extraño que, desde el hoy, estas décadas y sus imaginarios estéticos configuren los puntos de inflexión en la percepción del futuro en los que los artistas han querido hacer hincapié.

“Pero más aún, cuando una fotografía ha sido tomada el fotógrafo, por una parte, y sobre todo el objeto aprehendido, por otro, “sabían”, que trabajaban para el futuro. Ellos no ignoraban que se dirigían a un desconocido del futuro, al que le piden una cosa simple pero imperiosa, que pertenece al orden del deber y por lo mismo de la ley: nombrarles.” Jean-Louis Déotte, ¿Qué es un aparato estético? Benjarmin, Lyotard, Ranciére, 2007

No es casual que para proyectar ese pasado del futuro, Christto & Andrew recurran a la fotografía. Desde su nacimiento cómo tecnología para atrapar el presente, la imagen fotográfica ha ido configurando nuestros futuros. Si, como apunta Jameson (2007) nuestras Arqueologías del futuro están construidas como una Quimera, anclada en nuestros sistemas de producción, los imaginarios tecnológicos son también aspectos de ese constructo que proyectamos.

Tanto la forma como el fondo que configura el proyecto 2022 se alimenta de esas ruinas del futuro que evidencian nuestras experiencias y deseos. Como en los sesenta, nuestra proyección se ha acortado, como en los ochenta, las previsiones son cada vez más catastróficas.

Puede que, igual que comenzó con la era moderna, la idea de futuro haya concluido.

“Si el pasado y el futuro no llegaban a ser parte del presente por obra de la memoria y la intención, no había, en términos humanos, ningún camino, ningún lugar a donde ir.” Ursula K. LE GUIN, Los desposeídos, 1974

El mundo ha acabado ya tantas veces, al menos en occidente. El calendario cristiano ha situado el final en el año 1000, en el 1836, en 1844 o el 2000. Los científicos nos han concedido algo más de tiempo, como Meadows que señala el 2050 como el límite del crecimiento de la civilización. Lo cierto en que en casi todos los escenarios seguimos viviendo tiempos prestados.

 Incluso cuando concebimos el tiempo histórico de forma cíclica, no deja de impresionarnos como los acontecimientos sucedidos entre las llamadas Primera y Segunda Guerra Mundial se repiten como si de un guión a seguir se tratara.

 Lucian Hölscher, en El Descubrimiento del Futuro, 1999, lo define como una invención, afirmando que “la capacidad de proyectarse en el futuro no es ninguna constante antropológica, (…) sino una forma de pensar históricamente específica.” Puede que sea esta noción histórica la que ha excluido a numerosos colectivos de pensar, y proyectarse, a futuro.

“Esta forma de ver y de pensar puede conducir al surgimiento de una ideografía simbólica.”
Aby WARBURG, El ritual de la serpiente, 1923

Si tomamos No al futuro. La teoría queer y la pulsión de muerte de Lee Edelman, 2004, como un ejemplo de que no existe un imaginario y es necesario construir utopías, y las palabras de Derek Jarman, en las que afirmaba que vivía dentro de un colectivo sin historia y, por tanto, sin pasado, somos muchas las personas a las que tan solo se nos permite vivir en el presente. Los individuos que habitan el universo de bloque, enunciado por Broad, al menos pueden habitar un presente con pasado aunque sin futuro.

 Aún así hemos aceptado la existencia de otros mundos posibles, pese a que Fermi haya señalado ya esa paradoja, abrazando una memoria del porvenir y acogiendo con nostalgia aquellos días que esperamos que lleguen. Mientras tanto, como tantas otras veces, el mundo ha acabado y solo podemos contemplar algunos restos, coloridas fotografías, de lo que esperábamos de él.

 Eduardo García Nieto Comisario independiente y docente

#2022christtoandrew