TEOREMA

18/11/2016 30/12/2016

Javier Pividal
Sergio Porlán
Miguel Rael
Michael Roy

TEOREMA / REDUX

Un ídolo caído. Un vaporizador de vodka y diazepam que invade el espacio. Una mano que esconde la respuesta. Unos pantalones vaqueros que se anudan como el deseo. Unos primeros planos de chicos en slip como recuerdo a Terence Stamp. El color verde de la ortigas. Un indescifrable texto escrito con cenizas y el cuerpo de Pasolini recortado sobre el que se leen las palabras désire, désir, ardoux, embrasser y baiser.

“Es un aullido que quiere proclamar/ en este lugar deshabitado, que existo/ o bien no sólo que existo, / sino también que soy. Es un grito/ en el cual, hundido en la angustia, / se siente un vil acento de esperanza, / o acaso un grito de certeza, totalmente absurda, /dentro de la cual resuena, pura, la desesperación/ De todos modos, esto es cierto: sea cual fuere/ el significado de mi grito/ está destinado a perdurar más allá de todo fin posible”.

Un teorema se resuelve. Un misterio se desvela. Una verdad, se revela. ¿Puede contestar a la pregunta?.

En la secuencia de apertura de la película Teorema, un periodista pregunta a una serie de obreros a los que su jefe ha cedido el funcionamiento y propiedad de la fábrica si con este gesto no se estaba anulando el poder revolucionario del proletariado y convirtiendo a toda la humanidad en una extensa e inabarcable pequeña burguesía. Los obreros no responden, y el periodista inquiere ¿Deben responder a la pregunta?, ¿deben responder a la pregunta?. Teorema empieza pues con una pregunta y termina sin apenas respuestas. Al igual que este proyecto.

Cuando en 1968, Pier Paolo Pasolini publica Teorema, el mundo contemporáneo estaba asistiendo a una serie de cambios y transformaciones que más allá de las puramente políticas y económicas, venían determinadas por el derrumbe del orden social establecido, la crisis de un modelo de convivencia y poder como el de la burguesía heterosexual blanca y europea y la apertura de otros modos de estar en el mundo ante los que la propia obra de Pasolini se mostraba expectante. Demasiada libertad sexual os convertirá en terroristas.

Teorema es pues una pregunta sobre este estado de las cosas, un teorema irresoluble sobre la aparición del otro, el deseado, el desconocido, aquel que trastoca todo lo que permanecía en un pactado status quo, como el que dominaba la sociedad en ese momento. Teorema se entiende de esta manera casi como una parábola laica sobre la irrupción de lo sagrado, lo intocable, en el espacio burgués de una familia milanesa, en la que entran en juego una serie de relaciones de sumisión, deseo y poder que derivan hacia los territorios de la política, la economía, el orden familiar, el deseo y el sexo, además de una crítica feroz hacia la juventud del momento y el propio arte de su tiempo, cuestionado por el propio Pasolini en la figura del hijo.

Teorema será junto a Pocilga y Saló, la trilogía con la que Pasolini contestará a los cambios de la época, desde una posición crítica con la izquierda de su momento, la misma que pareció llevarle a la muerte en el irresoluble teorema de Ostia, y también como un ajuste de cuentas consigo mismo, y con el devenir de lo que sería su posición como intelectual comprometido en un contexto como el de los años sesenta en Europa. Como escribía en la contraportada de la edición bonaerense de Teorema, “todo ha sido observado desde un ángulo visual muy extremo, quizás algo amable, pero, en compensación, sin alternativas”. No hay alternativas. Sólo nos queda el desierto.

Teorema se concibió como un texto híbrido, a medio camino entre la narración y el verso, que después se transmutó en pieza cinematográfica y al mismo tiempo en el relato del cual proviene la película, que a su vez lo corrige. Ediciones y correcciones, cambios y adaptaciones, sumas y mutaciones, que nos llevan al momento actual.

Teorema como verdad, teorema como texto, teorema como película, teorema como parábola, teorema como momento histórico y finalmente, teorema como una construcción curatorial a cinco bandas. Una casa, tres artistas, dos galeristas y un intruso, el comisario.

Entendiendo la práctica curatorial como un espacio de relaciones de poder, Teorema toma como telón de fondo el texto de Pasolini para a través de la obra de Javier Pividal, Sergio Porlán, Miguel Rael y Michael Roy, plantear una situación construida en el que la obra de Pasolini aparece como espejo de una situación como la actual, de desmantelamiento de antiguos órdenes, desaparición de las ideologías, transformación de las construcciones sociales, aparición de nuevos modos de hacer familia, revelación de otras formas de deseo y mutación de las estructuras que configuraban los ordenes de lo político, lo social, lo económico y lo sexual a lo largo del ya extinto siglo XX.

Teorema es pues un proyecto curatorial que nos invita a pensar la situación de cambio que vivimos en la actualidad a partir de las interferencias y diálogos que se producen entre las obras de los artistas presentes en la exposición, transmutados en reflejos alegóricos de cada uno de los personajes del texto pasoliniano. Madre, padre, hijo, hija, sirvienta.

Un guión abierto a la interpretación de múltiples voces. Un aullido en el desierto de lo real que invita a pensar la violencia de lo complejo. Un espacio en el que el deseo fluye anudando los afectos. Una invitación a pensar un cuerpo-imagen siempre a la fuga. Una pregunta recurrente. Una respuesta que nunca se alcanza. ¿Who is me?.

Jesús Alcaide,
Crítico de arte y comisario independiente.

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