INCOMPLÉTUDES

Rosana Antolí

Ana Barriga

Vicky Uslé

05/03/2015 30/04/2015

¿Estamos solos hasta que alguien nos mira? Este interrogante surge en un mundo en el que se vive deprisa y la gente camina por las calles aferrada al teléfono móvil, transita no-lugares como trenes, aviones, autobuses o salas de espera cabizbaja y centrada en una pantalla táctil. El apogeo de las telecomunicaciones que a menudo paradójicamente nos aíslan produce que nos crucemos sin mirarnos a los ojos, poco a poco dejamos de atender a los rostros que nos rodean. Creemos que tenemos el control, delimitamos espacios, horarios, categorizamos relaciones, ordenamos nuestra cotidianidad sin embargo parece que nunca estamos satisfechos. Falta algo, algo que habíamos olvidado por no escuchar a nuestros cuerpos, esos que hablan con un pinchazo en la muñeca que se extiende desde el pulgar al teclear, el dolor de cuellos y de espaldas que no se estiran, entumecimiento, languidez… El cuerpo es sabio y pide contacto porque desde que comenzó a ser fue en compañía, creció dentro de otra corporalidad, fue parte un tiempo, completándose gracias a ella y así, por fin, salió al caótico e incontrolable mundo de rapideces e ingenuas certezas como un ser completo, humano.

Para el filósofo búlgaro Tzvetan Todorov la categoría “existencia” depende de los otros por la incomplétude original del ser humano. El concepto de incomplétude en francés viene a señalar que una persona comienza a existir realmente a partir de la mirada del otro, haciendo hincapié en la importancia que tiene la vida en común. Históricamente quienes se han encargado de poner orden y armonía en ese convivir del hogar, en la vida en común, han sido las mujeres, bien fuera porque la maternidad exige unos ritmos y pautas concretas en el espacio que se habita, bien por tendencias machistas que relegaban a la figura femenina a un segundo plano, llegando a suponer un encierro, la gestión obligada de labores diarias en beneficio de los demás miembros de una unidad familiar. Aún hoy en día hay mujeres que viven tal tipo de situaciones impuestas, sometidas a injusticias o incluso asumiendo por inercia ese rol. La mujer trabajadora hace malabarismos y lo tiene difícil, con todo lo que ha costado que pueda llegar a ser independiente, a tener derechos, a votar, a vivir sola sin suspicacias, a decidir tener descendencia o no, a sentirse completa mirándose a sí misma en el espejo y gustándose.

Incomplétudes es una exposición colectiva que reúne una selección de obra reciente de Rosana Antolí, Ana Barriga y Vicky Uslé, artistas pertenecientes a una misma generación pero con estilos distintos y en etapas de sus carreras muy diferentes, que invita a pensar sobre los aspectos comunes de su obra en torno a lo dicho. Sus imágenes del cuerpo sin cuerpo, de fragmentos abstractos, lugares a los que les faltan partes o donde parece que haya que poner objetos en orden trazan un nuevo camino, marcan nuevas posibilidades de definir qué es la identidad y qué es lo corpóreo, dónde están los límites entre nosotros y lo que nos rodea. Este proyecto expositivo indaga por lo tanto en cuestiones de máxima actualidad y la elección de tres mujeres por un lado cobra sentido en el marco de la celebración del Día de La Mujer Trabajadora al programar su inauguración esa misma semana pero, por otro, aunque coincida en fechas y por supuesto sea necesaria la reivindicación, se trata de una conjugación idónea de obras entre las que se establece un diálogo más allá del género, que lleva a cualquier visitante a preguntarse por la imagen que proyecta ante los demás, revisar el entorno en el que vive e intercambiar más miradas.

Marisol Salanova,
Crítica de arte y Comisaria.

Sponsors


Contacto

C/ Dénia 25, B.  46006  València  (Spain)

Tel1. (+34) 963 958 808

Tel2. (+34) 696 190 285

espaitactel@espaitactel.com

Newsletter

 

Horario

Lunes - Viernes 11:00 - 14:00 y 17:00 - 21:00
y por cita previa


by Tactel Graphics