Fade to Grey

Michael Roy

23/06/2017 04/08/2017

Posible teoría de la causalidad narrativa

Sabemos que los relatos albergan poder, así que iniciemos uno de ellos a fin de intentar invocar un tipo de realidad…

Uno de los orígenes del mundo (contemporáneo) es la aparición de un dispositivo automático capaz de “capturar” la imagen. Este hecho no sólo generó una quiebra en la noción de representación sino también en la idea de lenguaje. Durante el periodo romántico, la lengua había adoptado la misión de “acompañar la historia de los hombres y el alma de los pueblos”, la fotografía marca el final de esa hegemonía y plantea un nuevo periodo en el que la palabra queda subordinada a la imagen. Nociones como documento o imagen verdad evidencian la fragilidad del texto, tanto oral como escrito, mostrando su aleatoriedad y polisemia.  Ni tan siguiera un enjambre de un millar de palabras podía mermar las resistencias de la imagen.

“El lenguaje es un objeto concreto”
Jean Lescure, Breve historia de Oulipo, 1973

Pensemos en otro posible inicio…

En el principio fue la palabra. El propio Lévi-Strauss comienza El pensamiento salvaje con “una reflexión sobre la nominación y la expresión de lo concreto mediante lo abstracto”. Tanto las palabras, como los relatos tienen poder, incluso definen nuestra forma de percibir las imágenes ya que condicionan los regímenes de pensamiento.

“A felt a nostalgia for ages yet to come”
Saint Etienne, “Language Lab”, Finisterre, 2002

En ese espacio de fricción entre la imagen y la palabra incorporemos un tercer elemento, el tiempo, o mejor dicho, su ficción: la imagen tiempo.

El cine propició un nuevo modo de alfabetización, hemos crecido incorporando la idea de montaje sin tener la necesidad de explicitarla o explicarla. No necesitamos conocer el postestructuralismo o la semántica para intuir la arbitrariedad del signo, el hecho de que cada elemento se define en relación con el resto. Una imagen anterior condicionará la lectura de las siguientes. Nuestra formación en la imagen tiempo nos lleva a identificar una escena anterior con el pasado y a vincularla con la que estamos viendo en ese momento.

“Existe un estrecho parentesco entre las maneras en las que se forman los valores significativos de un cinegrama y de una imagen onírica.”
Jean Epstein, “El pecado contra la razón. La imagen contra la palabra”, El cine del diablo, 1947

Todos estos principios nos conducen a un ámbito de indefinición, sentimos que hemos llegado a un relato que, en realidad, ya ha sido iniciado, ha comenzado en multitud de ocasiones y, al entrar en él, permanecemos silentes intentando identificar los signos, reconocer los recuerdos de otros que, por su familiaridad, casi podemos sentir como propios.

En 1980 Julia Fodor, que sería posteriormente conocida como Princess Julia, mira a cámara e inicia un recitado en francés, “Devenir gris”. La imagen se convierte en un referente permitiendo que Fade to Grey se convierta en el tema mas popular del grupo Visage.

Michael Roy, 2017, presenta su segunda exposición individual en Espai Tactel, el título de la muestra, el mismo que el del segundo single de Visage, Fade To Grey.

Interior: una galería de arte.

Concebir un espacio arquitectónico como si fuese uno cinematográfico. No porque se presente ante nosotros una tramoya sino porque cada elemento nos conduce a otras imágenes: stills, capturas… Desconocemos si estas piezas son documentación previa al rodaje o se trata de la propia película expandida en el espacio. Ventanas. Imaginarios familiares y en conflicto. Frente a la noción del cine concebido como imágenes fotográficas nos encontramos con que lo que predomina en la imagen texto. Algo que podemos identificar con los orígenes del cine pero que, como señala Deleuze en La imagen tiempo, está también presente en nuestra cinematográfia, tanto en la moderna como en la cotidiana. La fotografía, sobre todo cuando se vincula al relato, está más entrelazada a la palabra que lo que nuestros tópicos preconizan.

Si leemos las primeras, Forest Knoll Drive, nos encontraremos ante un bajorrelieve que, a su vez, es el título del video (2006) que se encuentra junto a ella. Una búsqueda rápida en internet nos sitúa de nuevo a un territorio conocido: una dirección de Los Ángeles, California.

El contenido del video, como el del resto piezas de la exposición, nos remiten a una estrategia planteada por el artista desde los años 90, la de no generar otras imágenes sino simplemente ‘posar su mirada’, seleccionar. Esta recolección de momentos, al igual que los instantes que componen nuestra memoria, esta cargada de ruido, deteriorada y distorsionada, efecto que se enfatiza por los sistemas empleados para registrarlas – capturas de imagen, decoupages, fotocopias…-.

El trabajo de Michael Roy, como ya veíamos en su pieza I remember (2016), no sólo nos remite a construcciones nostálgicas, sino a los modos con los que hemos construido esas memorias. Hasta que punto nuestras vivencias, recuerdos, deseos nos son propios o fruto de una construcción social y cultural, de relatos que otros han creado para generar esos grandes imaginarios.

Al mismo tiempo nos presenta una reflexión sobre el hacer, habitamos un mundo cada vez más plagado de imágenes así que cómo podemos posicionarnos ante él. Roy elige el intentar hacer sin hacer, confrontarnos con lo ya creado que, por otra parte, nos ha creado a nosotros mismos.

Pero su obra no se conforma con exponer lo que es visible, genera ámbitos de resistencia, nos obliga a confrontarnos con nuestros recuerdos y, a partir de ellos, dar sentido. En The secret diary of (2011) mediante palabras tapadas Roy generaba espacios de vacío que universalizaban y nos invitaban a completar el sentido. En Fade to Grey (2017) el espacio en blanco abandona su supuesta neutralidad para convertirse en otra enorme tachadura. El blanco no sólo delimita sino que construye, una sabana define al espectro, una línea, una frontera. El intentar acotar obliga a pensar en una disminución, como evidencia Peters en su cartografía, pero también una latencia basada en lo que se está intentando definir.

Y en ese espacio que se hace autoconsciente y en el que pueblan fantasmas de nuestro imaginario, nosotros, confrontándonos con un relato que alguien ha dispuesto pero no ha cerrado. ¿Qué ha ocurrido? ¿Cuándo? ¿De qué manera? ¿Somos actores cuyo acto es el de solo mirar? ¿Ha terminado la sesión o vuelve a iniciarse, una y otra vez?

Fundido a…

“Al fin y al cabo, la palabra ‘arte’ significa etimológicamente ‘actuar’, no ‘hacer’, sino ‘actuar’. En cuanto actúas, eres un artista”
Marcel Duchamp, Citado por Maurizio Lazzarato, Marcel Duchamp y el rechazo del trabajo, 2014

Eduardo García Nieto
Crítico de arte y Comisario.

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