SHIT BEHIND BEAUTY

Javier Palacios

08/05/2015 19/06/2015

En las pinturas recientes de Javier Palacios (Jerez de la Frontera, 1985), el protagonista principal es una suerte de minucioso e infinito plegamiento de las superficies, el cual termina por apoderarse por completo de la escena, indistintamente de que ésta consista en el primer plano de una cara -anónima o conocida-, o, ya de manera autónoma, distintos materiales cuya naturaleza y origen deviene secundario en aras de resaltar, precisamente, su completo arrugado, abullonado, arrebujado, plisado…

Plásticos y envases, bolsas y blister, papeles metálicos, de aluminio, etcétera, son el repertorio iconográfico cuya notable técnica los aborda desde primeros planos que vuelven prácticamente irreconocible el motivo.

La pintura, cuya inercia material (se arruga o se craquela) coincide aquí con los objetos representados, parece instalarse en un movimiento autorreflexivo muy de nuestros días. Pintura sobre las cualidades y los límites de la propia pintura, que indaga un doble límite frente a la abstracción: no sólo las “figuras” representadas tienden aquí, en las imágenes de Palacios, a rozar la frontera de lo irreconocible ahondando en el detalle de la reproducción, en la retórica de la mímesis (en algunos momentos hasta el borde del hiperrealismo), sino que a cada paso parece que lo que anima al pintor es cierta voluntad tautológica en torno a la capacidad de la disciplina de representarse a sí misma a partir de concentrar su figuración sobre los propios medios: el color, la materia, la unción, la capa, la adherencia…

Deleuze propondría este desbordamiento del pliegue sobre sí mismo y sobre todo lo circundante como el mecanismo propio del Barroco: el movimiento no puede detenerse y el mundo entero aparece plegado en la estética barroca. Pli selon pli (“Pliegue sobre pliegue”) de Mallarmé, que, para el filósofo, encarnará el espíritu de la tendencia, avanzando lo que cierto informalismo vendría a recrear en su día como categoría metahistórica: Klee, Fautrier, Dubuffet, Hantai…

El Barroco es el arte de lo informe por excelencia, y en esta línea, sólo que hoy ya con la ironía fría del distanciamiento, también podemos incluir a nuestro protagonista, quien por su parte ahonda en esa escuela de los pliegues de la materia ya sólo como paráfrasis e imagen-superficie. Lichtenstein desde los sesenta haría lo propio con la gestualidad del expresionismo abstracto, ante la cual presentó una alternativa no menos irónica: llenos de movimiento y sin ninguna energía, sus Brushtroke, tanto en pintura como en escultura, no podían ser más dinámicos, más planos, más eminentemente comentarios lejanos y divertidos, desdramatizados y un poco desvergonzados, “impropios, sobre la propia pintura de acción…

Estas pinturas “impecables” de Palacios, que entre la abstracción y la figuración, pues, pero también entre la ventana y el espejo que ofrece tradicionalmente la vieja disciplina, nos dejan con la duda de si hablan del propio medio o se lanzan más allá. Bueno, también en el Barroco los pliegues del cuerpo se corresponden con los del alma. Quizá por ello no sea tan descabellado trazar un arco y exponerlas también a aquella duda que asaltaba a Barthes frente a los trabajos de Réquichot, cuando se preguntaba si lo que está puesto “ahí”, al final de nuestra mirada, como un campo profundo, ¿no será el magma interno del cuerpo?, ¿un pensamiento fúnebre y barroco que regula la exposición del cuerpo anterior, el de antes del espejo?

Va a ser la solución que os propongo: que el origen de este arrugamiento proliferante es múltiple: un síntoma de la senectud de la gran disciplina pictórica, cuya larga historia y experiencia, resabios y cuestionamiento, simulaciones y disimulos la han llevado al borde de la extenuación. Su cuerpo viejo es un campo estriado y profundo, de una densidad ya ilegible en su totalidad. Los rostros que presenta (y que la representan), ya no pueden aspirar a la inocencia, a decir las cosas por vez primera y con voz ingenua. Pero es también consecuencia de un movimiento de repliegue, que hace oscilar lo exterior frente a lo interior continuamente: la manifestación sucinta de que, casi como estroboscópicamente, lo profundo es la piel y viceversa. Lo más banal, los despojos, adquieren la forma suntuosa del drapeado, del envoltorio del cuerpo y, metafóricamente, incluso del alma; y así, los plásticos y celofanes de deshecho brillan con el tornasolado de los más suntuosos ropajes y telones, de telas damasquinadas, de la alta costura que sólo cubre un cuerpo ideal…

Lujo y luto, pues, como expresión última de cierto impulso barroco que Javier Palacios ha sacado al escenario desde el callejón trasero, donde se acumulan los desperdicios, y que haría las delicias de una sensibilidad como la de Caravaggio, tan atento a las texturas y los pliegues del mundo, de todos los rincones del mundo.

Óscar Alonso Molina
[Madrid, abril de 2015]

Sponsors


Contact

C/ Dénia 25, B.  46006  València  (Spain)

Tel1. (+34) 963 958 808

Tel2. (+34) 696 190 285

espaitactel@espaitactel.com

Newsletter

 

Schedule

Monday - Friday 11:00 - 14:00 and 17:00 - 20:00
and by appointment


by Tactel Graphics